Llegan a Lagos las primeras resoluciones de apoyo y lealtad al nuevo poder: «El día de 15 de enero -reza la resolución de uno de los partidos locales, el UPGA (United Progressive Grand Alliance)- pasará a la historia de nuestra gran república como el día en que por primera vez hemos conseguido la libertad auténtica, aunque desde hace cinco años Nigeria es un país independiente. <...> Damos la bienvenida al nuevo poder como si nos lo enviase Dios para que liberara al pueblo de los imperialistas negros, de la tiranía y la intolerancia, de las estafas y las ambiciones perniciosas de aquellos que se creían representantes de Nigeria... Nuestra Patria no puede albergar a unos lobos políticos que han saqueado el país. <...>
«La anarquía generalizada y la decepción de las masas -sostiene la resolución de la organización juvenil Zikist Movement- han hecho imprescindible este golpe. En los años de independencia, los derechos humanos básicos han sido brutalmente violados por el gobierno. Se negaba a la gente el derecho de vivir con libertad y respeto mutuo. No se le permitía tener opiniones propias. El gangsterismo político organizado y la política de fraudes habían convertido todas las elecciones en una farsa. En lugar de servir a la nación, los políticos se han dedicado a robar dinero. Mientras aumentaban el paro y la explotación, un puñado de fascistas feudales que ostentaban el poder no conocía límites en su ensañamiento con la población.» En su breve historia, muchos países africanos viven de esta manera su segunda etapa. La primera ha consistido en una descolonización rápida, en conseguir la independencia. Optimismo, entusiasmo y euforia se adueñaron de todo el mundo.
La gente estaba convencida de que la libertad significaba un techo mejor encima de su cabeza, un cuenco de arroz más grande y unos zapatos, los primeros en la vida. Que se produciría un milagro: la multiplicación del pan, de los peces y del vino. No se produjo nada de esto.
Todo lo contrario: aumentó vertiginosamente la población, para la cual faltó comida, escuelas y trabajo. Decepción y pesimismo no tardaron en reemplazar al optimismo. Toda la amargura, rabia y odio se dirigieron hacia las propias élites, que, voraces, se dedicaban a llenarse los bolsillos lo más deprisa posible. En un país que no tiene una gran industria privada, donde las plantaciones pertenecen a extranjeros y los bancos también son propiedad de capital extranjero, una carrera política es la única posibilidad de amasar una fortuna.
En resumen: la pobreza y la decepción de los de abajo y la codicia y la voracidad de los de arriba crean un ambiente emponzoñado y minado que el ejército olfatea; presentándose como defensor de los humillados y ofendidos, abandona los cuarteles y alarga la mano para tomar el poder.
Ébano, Kapuscinski