Los karamajong se dedican a criar vacas y se alimentan, fundamentalmente, de su leche. Emparentados con los iteso, también consideran a las vacas el tesoro más preciado y seres místicos. Creen que Dios les ha confiado todas las vacas del mundo y que su misión histórica consiste en recuperarlas. Con este fin no paran de organizar expediciones armadas contra los pueblos vecinos. Las invasiones en cuestión (en inglés, cattle-raiding) constituyen una mezcla de incursión de saqueo, misión patriótica y deber religioso. Un joven, para conseguir el estatus de hombre maduro, tiene que tomar parte en un cattle-raiding. Estas batallas son el tema principal de las leyendas, los relatos y los mitos locales. Todos ellos tienen sus héroes, su historia y su misticismo. El padre Albert cuenta cómo se lleva a cabo una de estas incursiones. Los karamajong caminan en fila india, a paso firme y en perfecta formación. Avanzan por unos senderos de guerra que conocen muy bien. Cada destacamento se compone de doscientos o trescientos hombres. Cantan o lanzan gritos rítmicos y sonoros. Su servicio de espionaje ha averiguado previamente dónde pacen manadas de vacas que pertenecen a otro pueblo. El objetivo consiste en secuestrarlas. Cuando llegan hasta el lugar, se produce la batalla. Puesto que los karamajong son unos guerreros intrépidos y avezados en su arte, por lo general ganan y se llevan el trofeo.
-La cosa -dice el religioso- está en que, en tiempos, esas columnas iban armadas con lanzas y arcos. Cuando se producía un combate, en él no morían más que unas pocas personas; el resto se rendía o se escapaba. Pero hoy... Hoy siguen siendo las mismas columnas, pero armadas hasta los dientes, y con fusiles automáticos. Inmediatamente abren fuego, masacran a la población del lugar, destruyen con granadas sus aldeas y siembran la muerte. Los conflictos tribales tradicionales siguen vivos, los mismos desde hace siglos, pero hoy causan un número de muertos incomparablemente más alto.
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La civilización moderna -concluye- aquí no ha aportado nada: ni la luz eléctrica, ni el teléfono, ni la televisión. Lo único que ha traído son las metralletas.
Ébano, Ryszard Kapuscinski
Este libro es una mina.
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