sábado, julio 28, 2007

el vértigo a lo cotidiano

Me estoy atando los zapatos, contento, silbando, y de pronto la infelicidad. Pero esta vez te pesqué, angustia, te sentí previa a cualquier organización mental, al primer juicio de negación. Como un color gris que fuera un dolor y fuera el estómago. Y casi a la par (pero después, esta vez no me engañas) se abrió paso el repertorio inteligible, con una primera idea explicatoria: «Y ahora vivir otro día, etc.» De donde se sigue: «Estoy angustiado porque... etc.»

Las ideas a vela, impulsadas por el viento primordial que sopla desde abajo (pero abajo es sólo una localización física). Basta un cambio de brisa (¿pero qué es lo que la cambia de cuadrante?) y al segundo están aquí las barquitas felices, con sus velas de colores. «Después de todo no hay razón para quejarse, che», ese estilo.

Me desperté y vi la luz del amanecer en las mirillas de la persiana. Salía de tan adentro de la noche que tuve como un vómito de mí mismo, el espanto de asomar a un nuevo día con su misma presentación, su indiferencia mecánica d cada vez: conciencia, sensación de luz, abrir los ojos, persiana, el alba.

En ese segundo, con la omnisciencia del semisueño, medí el horror de lo que tanto maravilla y encanta a las religiones: la perfección eterna del cosmos, la revolución inacabable del globo sobre su eje. Náusea, sensación insoportable de coacción. Estoy obligado a tolerar que el sol salga todos los días. Es monstruoso. Es inhumano.

Antes de volver a dormirme imaginé (vi) un universo plástico, cambiante, lleno de maravilloso azar, un cielo elástico, un sol que de pronto falta o se queda fijo o cambia de forma.

Ansié la dispersión de las duras constelaciones, esa sucia propaganda luminosa del Trust Divino Relojero.


(67) Rayuela Julio Cortazar

Al final lo hice, me animé a leerla y ha merecido la pena. Rayuela es la obra cumbre del escritor Julio Cortazar, en ella su protagonista, Horacio Oliveira, busca -entre otras cosas- algo que de sentido a esta vida a veces tan absurda, lo busca por caminos.. digamos.. poco ortodoxos. El personaje me recuerda bastante a un amigo, Mateo, que cogió un billete para la india en Enero y todavía no sabemos nada. Jeje, que tipo.

Es una obra bastante compleja y divertida, seguro que hay análisis muy sesudos de la obra por internet para los que quieran entenderla mejor, pero también se puede leer dejando el análisis de lado, simplemente disfrutando del viaje. Yo me limito a recomendarla.

nota: leí la edición de cátedra, comentada por Andrés Amoros, aunque me pareció un poco pedante, su introducción ayuda a poner en contexto las ideas toman forma en el libro.