En 1971, el gobierno federal de Belgrado reconoció una nacionalidad musulmana en Bosnia-Herzegovina. Para tranquilizar a los laicos y ateos se decidió, y así lo hace constar Alexander Popovic en L'Islam balkanique, que el término musulman en B-H no expresa la pertenencia a una comunidad musulmana de definición religiosa sino que adquiría un sentido nuevo, nacional, por lo que se escribía la palabra musulman con mayúscula.
Poco después de la muerte de Tito y el triunfo de la revolución islámica en Irán, Alá viene a sumarse al embrollo yugoslavo. En 1983, un funcionario de la comunidad musulmana de Sarajevo llamado Smajic fue detenido cuando propagaba las tesis del islam militante. Lo juzgaron por tratar de imponer las leyes coránicas por todos los medios, incluido el uso de las armas. Once personas sospechosas de intolerancia religiosa y de propagación del odio nacional a través de posiciones activistas musulmanas, dirigidas contra la unidad y fraternidad de los pueblos que viven en Yugoslavia fueron detenidas en Sarajevo. El régimen postitista desencadenó una dura campaña contra los nacionalismos de todo tipo.
El proceso de Sarajevo de 1983 extendió la imagen de los nuevos ayatolás yugoslavos. Fue una exageración. Es verdad que en Bosnia se construiían unas veinte mezquitas al año, con la ayuda del Estado, que lo más afortunados viajaban a la meca, que los jóvenes podían obtener becas para estudiar en las universidades de Medina o El Caido, que de la última edición bilingüe del Corán en árabe y serbo-croata se cendieron cincuenta mil ejemplares. Pero era un Islam tranquilo. Los musulmanes de Bosnia se enorgullecían de sus dos mil mezquitas y sus mil cincuenta imanes frente a las ochocientas cincuenta iglesias católicas y los setecientos monasterios ortodoxos. Pero en nungún lugar del universo islámico se podía escuchar lo que oímos en Sarajevo: Soy musulmán ateo. Eran muchos los musulmanes ateos.
En parte esa actitud cambiaría con el tiempo. La religión musulmana se convertiría para los más abandonados, los marginados y los más conscientes en un asidero, en un refugio. ¿ A qué otra idea podían aferrarse los dos millones de musulmanes de B-H? Los serbios siempre llamaron turcos a los musulmanes de Bosnia.
Fez, flipper, rock, vaqueros, chiskabab, minifalda, mezquita. La oración del almuédano se confundía con el sonido de las últimasmelodias occidentales. Sarajevo mestiza. Antes de Jomeini, el chador era algo desconocido. Se contaban chistes de los imanes, tan ignaros. El imán, el sacerdote del islam, el mulla llegaba para hacerse cargo de la nueva mezquita. ¿Cómo ocultar sque era un ignorante? ¿Sabéis de qué os voy a hablar?, preguntaba a su auditorio. Los feligreses respondían a una: No. Ya que no sabéis nada, no merece la pena que os explique nada. A la semana siguiente planteaba la misma pregunta: ¿Sabéis de qué os voy a hablar? Sí, respondían los fieles musulmanes de Sarajevo. Sí lo sabéis, no vale la pena que os lo repita. A la tercera semana y ante la misma pregunta, la parroquia islámica se dividía en dos. La mitad respondía sí y la otra mitad no. El imán resolvió el dilema de esta menera: Los que saben que se lo enseñen a los que no lo saben.
Popes, curas y hodjas musulmanes se saludaban cordialmente cuando se cruzaban en sus paseos por las alamedas de castaños. La consagración de una mezquita, una iglesia católica o un monasterio ortodoxo, congregaba a toda la comunidad sin distinción de credo. Luego llegaron las octavillas fundamentalistas: Cuando un musulmán sufra un accidente deberá preferir la muerte antes que una trasfusión de sangre cristiana. La costumbre de poner nombres eslavos a los hijos de familias musulmanas se consideraba herejía por los doctores de la ley islámica, lo mismo que el matrimonio fuera de la comunidad.
Yugoslavia Kaputt
Manuel Leguineche
sábado, octubre 21, 2006
viernes, octubre 20, 2006
productos de la pobreza
Muchos de los rasgos estructurales y superestructurales de las sociedades estatales sólo son comprensibles como reacciones a la pobreza cada vez más acusada de las castas y clases inferiores. El materialismo cultural contempla la pobreza como un resultado mixto de explotación político-económica y penalizaciones malthusianas. En un principio, los estados prístinos probablemente experimentaron una mejoría en los niveles de vida. Pero la tentación de utilizar las calorías extra para alimentar un número extra de niños fue irresistible, debido sobre todo a que el trabajo infantil podía hacerse energéticamente rentable desde el momento en que los niños alcanzaban la edad de seis años. en el transcurso de unos cuantos siglos, los niveles de vida empezarían a descender, y lo normal hubiera sido que los campesinos tomaran medidas para frenar su tasa de crecimiento con todas las técnicas disponibles. Pero debido a las presiones fiscales y al fomento de las familias numerosas por parte del Estado, la nivelación del crecimiento demográfico en los grandes calles fluviales de China, India el sudeste asiático, Mesopotamia, y Egipto tuvo lugar, probablemente, en un punto mucho mas próximo a la capacidad de sustentación del que solía caracterizar a los sistemas de cazadores y recolectores o a las sociedades aldeanas iniciales. Por ello, pese a la introducción del arado y los avances en la ingeniería hidráulica, la pobreza aumentó. La incesante intensificación impuesta por la necesidad de alimentar a decenas de millones de seres donde antes sólo vivían unos miles esquilmó de un modo permanente bosques, los suelos y los recursos hídricos. Un síntoma general de la profundización de la miseria fue la creciente escasez de carne de animales domésticos, carne que en las jefaturas y los estados euroasiáticos más antiguos se consumía sin restricciones. La transformación del tabú de la carne de cerdo en el Oriente Medio y la India y de la de vaca en la India debe contemplarse en este contexto. [...]
Las grandes religiones universalistas también pueden interpretarse como productos de la pobreza que crearon los sistemas imperiales del Viejo Mundo en su inútil empeño de aliviar las presiones reproductivas mediante la intensificación, la explotación y la guerra.
Bajo el confuncionismo, los emperadores chinos se dieron cuenta de que la pujanza del reino dependía del bienestar de las masas campesinas. El amor y la misericordia fueron considerados por primera vez como fuente de fuerza y poderío. Incapaces de seguir representando el papel de grandes proveedores-redistribuidores, las élites comenzaron a apoyar las soluciones a la pobreza de tipo contemplativo y ascético. La redistribución se espiritualizó y los grandes redistribuidores se convirtieron en grandes creyentes. Movimientos reformistas o "revitalizaciones" de grandes proporciones se desencadenaron de un extremo de Eurasia a otro. En la India, donde la miseria era más intensa, el budismo predicó la abolición del sacerdocio hereditario, consagró la pobreza como una virtud, declaró ilegítimo el sacrificio de animales y convirtió el vegetarianismo de facto de los depauperados campesinos en una bendición espiritual. En interacción con el budismo, surgieron movimientos reformistas similares en China, bajo la forma del taoísmo, y aproximadamente al mismo tiempo, en Persia, bajo la forma del mitraísmo, En todos los casos citados, las élites imperiales se apropiaron de estas religiones espiritualizadas universalistas, y las extendieron mediante conquistas. El cristianismo fue la forma en que se expresó la espiritualización del Imperio Romano. Su motivo mesiánico específico encuentra su origen en la lucha colonial de los judíos, en la que éstos esperaban ser conducidos a la victoria militar y a la fundación de su propio imperio por un emisario sobrenatural. El Islam representa otro caso de revitalización a través de la redención mesiánica. Movimientos parecidos dominan gran parte de la posterior historia europea, se desarrollan de un modo independiente en China y figuran en lugar destacado en la historia del colonialismo euroamericano (como ejemplo citar la religión de la danza del espíritu y los cultos cargo).
La desmitificación de las religiones mundiales comienza con este sencillo hecho: el confuncionismo, el taoísmo, el budismo, el cristianismo y el Islam prosperaron porque las élites dominantes que los inventaron o se los apropiaron se beneficiaban materialmente de ellos. Al espiritualizar el drama de los pobres, estas religiones mundiales desembarazaban a la clase dominante de la obligación de proporcionar remedios materiales a la pobreza. Proclamando el carácter sagrado de la vida humana y la virtud de la compasión hacia los humildes y los débiles, rebajaban el costo de la ley y el orden internos. Al propio tiempo, al convencer a los pueblos enemigos de que el propósito del Estado era extender la civilización e implantar un código moral superior, también rebajaban sustancialmente los costos de las conquistas imperiales. Esto no quiere decir que, en diversas épocas y lugares, las clases inferiores no se beneficiasen también de las revitalizaciones y de las reformas que eran consustanciales a las iniciativas prístinas de los fundadores de cada movimiento. El complejo budista-hindú de la vaca sagrada, por ejemplo, protegió a millones de pequeños agricultores contra la pérdida de un instrumento de producción vital. No se puede decir que todo lo que surgió en nombre de las religiones espirituales universalistas sirviera a los intereses de las clases dominantes más de lo que cabe afirmar que todo lo que se hacía en nombre del emperador o del rey fuera contrario al bienestar del ciudadano común. Pero la naturaleza estratificada de las estructuras y superestructuras estatales supone precisamente que nada que beneficie de un modo significativo a los estratos inferiores perdura a menos que beneficie todavía más a los superiores.
Marvin Harris, El materialismo cultural
Este libro y Las manchas del leopardo son los únicos que me he traído a Paris, de todas maneras tienen muchísimos más parrafos reseñables de los que tengo intención de transcribir. Muy interesantes los 2.
Las grandes religiones universalistas también pueden interpretarse como productos de la pobreza que crearon los sistemas imperiales del Viejo Mundo en su inútil empeño de aliviar las presiones reproductivas mediante la intensificación, la explotación y la guerra.
Bajo el confuncionismo, los emperadores chinos se dieron cuenta de que la pujanza del reino dependía del bienestar de las masas campesinas. El amor y la misericordia fueron considerados por primera vez como fuente de fuerza y poderío. Incapaces de seguir representando el papel de grandes proveedores-redistribuidores, las élites comenzaron a apoyar las soluciones a la pobreza de tipo contemplativo y ascético. La redistribución se espiritualizó y los grandes redistribuidores se convirtieron en grandes creyentes. Movimientos reformistas o "revitalizaciones" de grandes proporciones se desencadenaron de un extremo de Eurasia a otro. En la India, donde la miseria era más intensa, el budismo predicó la abolición del sacerdocio hereditario, consagró la pobreza como una virtud, declaró ilegítimo el sacrificio de animales y convirtió el vegetarianismo de facto de los depauperados campesinos en una bendición espiritual. En interacción con el budismo, surgieron movimientos reformistas similares en China, bajo la forma del taoísmo, y aproximadamente al mismo tiempo, en Persia, bajo la forma del mitraísmo, En todos los casos citados, las élites imperiales se apropiaron de estas religiones espiritualizadas universalistas, y las extendieron mediante conquistas. El cristianismo fue la forma en que se expresó la espiritualización del Imperio Romano. Su motivo mesiánico específico encuentra su origen en la lucha colonial de los judíos, en la que éstos esperaban ser conducidos a la victoria militar y a la fundación de su propio imperio por un emisario sobrenatural. El Islam representa otro caso de revitalización a través de la redención mesiánica. Movimientos parecidos dominan gran parte de la posterior historia europea, se desarrollan de un modo independiente en China y figuran en lugar destacado en la historia del colonialismo euroamericano (como ejemplo citar la religión de la danza del espíritu y los cultos cargo).
La desmitificación de las religiones mundiales comienza con este sencillo hecho: el confuncionismo, el taoísmo, el budismo, el cristianismo y el Islam prosperaron porque las élites dominantes que los inventaron o se los apropiaron se beneficiaban materialmente de ellos. Al espiritualizar el drama de los pobres, estas religiones mundiales desembarazaban a la clase dominante de la obligación de proporcionar remedios materiales a la pobreza. Proclamando el carácter sagrado de la vida humana y la virtud de la compasión hacia los humildes y los débiles, rebajaban el costo de la ley y el orden internos. Al propio tiempo, al convencer a los pueblos enemigos de que el propósito del Estado era extender la civilización e implantar un código moral superior, también rebajaban sustancialmente los costos de las conquistas imperiales. Esto no quiere decir que, en diversas épocas y lugares, las clases inferiores no se beneficiasen también de las revitalizaciones y de las reformas que eran consustanciales a las iniciativas prístinas de los fundadores de cada movimiento. El complejo budista-hindú de la vaca sagrada, por ejemplo, protegió a millones de pequeños agricultores contra la pérdida de un instrumento de producción vital. No se puede decir que todo lo que surgió en nombre de las religiones espirituales universalistas sirviera a los intereses de las clases dominantes más de lo que cabe afirmar que todo lo que se hacía en nombre del emperador o del rey fuera contrario al bienestar del ciudadano común. Pero la naturaleza estratificada de las estructuras y superestructuras estatales supone precisamente que nada que beneficie de un modo significativo a los estratos inferiores perdura a menos que beneficie todavía más a los superiores.
Marvin Harris, El materialismo cultural
Este libro y Las manchas del leopardo son los únicos que me he traído a Paris, de todas maneras tienen muchísimos más parrafos reseñables de los que tengo intención de transcribir. Muy interesantes los 2.
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