¿Quién me librará de este cadáver? Mi cuerpo está encadenado a mí como un peso muerto. Es mi celador. No puedo hacer nada sin consultarle primero y pedirle permiso. Me burlo de lo grotesco que es y me irrito por las correas con que me ata. Dependo de ese matón para todo lo que el mundo pueda darme. ¿Cómo puedo conservar mi amour propre cuando debo siempre camelar y engatusar a un déspota con delicados bocados y mullidos lechos? ¡ Yo que soy orgulloso, ambicioso y estoy lleno de energía! Entiendo que, al final, pretende llevarme con él... De todos modos, me gustaría dar el último golpe, y copiando a De Quincey, disponer que mi cuerpo se destinara a la disección médica: por venganza.
No esperes mucho: no temas nada, es mi lema últimamente.

Esta es una de las entradas de diario de un hombre decepcionado, del que hablé otra vez. Ultimamente vuelvo a releerlo por las noches. Escritor apasionado, mente despierta, en un cuerpo azotado por la esclerosis múltiple.
"Mi vida ha sido una lucha continua contra la mala salud y la ambición, y no he conseguido dominar ninguna de las dos".
Sin duda era un tipo curioso y la posibilidad de bucear en su mente es un lujo, me hace pensar que no somos tan distintos.


