sábado, octubre 21, 2006

los musulmanes ateos

En 1971, el gobierno federal de Belgrado reconoció una nacionalidad musulmana en Bosnia-Herzegovina. Para tranquilizar a los laicos y ateos se decidió, y así lo hace constar Alexander Popovic en L'Islam balkanique, que el término musulman en B-H no expresa la pertenencia a una comunidad musulmana de definición religiosa sino que adquiría un sentido nuevo, nacional, por lo que se escribía la palabra musulman con mayúscula.

Poco después de la muerte de Tito y el triunfo de la revolución islámica en Irán, Alá viene a sumarse al embrollo yugoslavo. En 1983, un funcionario de la comunidad musulmana de Sarajevo llamado Smajic fue detenido cuando propagaba las tesis del islam militante. Lo juzgaron por tratar de imponer las leyes coránicas por todos los medios, incluido el uso de las armas. Once personas sospechosas de intolerancia religiosa y de propagación del odio nacional a través de posiciones activistas musulmanas, dirigidas contra la unidad y fraternidad de los pueblos que viven en Yugoslavia fueron detenidas en Sarajevo. El régimen postitista desencadenó una dura campaña contra los nacionalismos de todo tipo.

El proceso de Sarajevo de 1983 extendió la imagen de los nuevos ayatolás yugoslavos. Fue una exageración. Es verdad que en Bosnia se construiían unas veinte mezquitas al año, con la ayuda del Estado, que lo más afortunados viajaban a la meca, que los jóvenes podían obtener becas para estudiar en las universidades de Medina o El Caido, que de la última edición bilingüe del Corán en árabe y serbo-croata se cendieron cincuenta mil ejemplares. Pero era un Islam tranquilo. Los musulmanes de Bosnia se enorgullecían de sus dos mil mezquitas y sus mil cincuenta imanes frente a las ochocientas cincuenta iglesias católicas y los setecientos monasterios ortodoxos. Pero en nungún lugar del universo islámico se podía escuchar lo que oímos en Sarajevo: Soy musulmán ateo. Eran muchos los musulmanes ateos.

En parte esa actitud cambiaría con el tiempo. La religión musulmana se convertiría para los más abandonados, los marginados y los más conscientes en un asidero, en un refugio. ¿ A qué otra idea podían aferrarse los dos millones de musulmanes de B-H? Los serbios siempre llamaron turcos a los musulmanes de Bosnia.

Fez, flipper, rock, vaqueros, chiskabab, minifalda, mezquita. La oración del almuédano se confundía con el sonido de las últimasmelodias occidentales. Sarajevo mestiza. Antes de Jomeini, el chador era algo desconocido. Se contaban chistes de los imanes, tan ignaros. El imán, el sacerdote del islam, el mulla llegaba para hacerse cargo de la nueva mezquita. ¿Cómo ocultar sque era un ignorante? ¿Sabéis de qué os voy a hablar?, preguntaba a su auditorio. Los feligreses respondían a una: No. Ya que no sabéis nada, no merece la pena que os explique nada. A la semana siguiente planteaba la misma pregunta: ¿Sabéis de qué os voy a hablar? Sí, respondían los fieles musulmanes de Sarajevo. Sí lo sabéis, no vale la pena que os lo repita. A la tercera semana y ante la misma pregunta, la parroquia islámica se dividía en dos. La mitad respondía sí y la otra mitad no. El imán resolvió el dilema de esta menera: Los que saben que se lo enseñen a los que no lo saben.

Popes, curas y hodjas musulmanes se saludaban cordialmente cuando se cruzaban en sus paseos por las alamedas de castaños. La consagración de una mezquita, una iglesia católica o un monasterio ortodoxo, congregaba a toda la comunidad sin distinción de credo. Luego llegaron las octavillas fundamentalistas: Cuando un musulmán sufra un accidente deberá preferir la muerte antes que una trasfusión de sangre cristiana. La costumbre de poner nombres eslavos a los hijos de familias musulmanas se consideraba herejía por los doctores de la ley islámica, lo mismo que el matrimonio fuera de la comunidad.

Yugoslavia Kaputt

Manuel Leguineche