Resultó ser una italopolaca de 19 años que hablaba 5 idiomas (entre ellos el alemán), una persona increíblemente resuelta y simpática. no tuvimos demasiado problema en llegar al pueblo (y eso que yo me empeñaba en montar en el tren que no era).. Al final después de pasarnos una estación llegamos.
El resto es ya una historia demasiado larga de contar con detalle.. los 23 voluntarios de: Italia, Rep Checa, Egpaña, Alemania, Corea(del sur, of course), Japón, Finlandia, Francia, Rusia, Serbia, Grecia.. y todavía hubo unos marroquíes que no llegaron.
El trabajo consistía en limpiar y arreglar un camino bastante empinado y hacer una plataforma de madera alrededor de un árbol.
Era el verano del 2003, un calor de muerte, me tocó subir y bajar la carretilla con grijo, grava, cemento, arena.. lo que tocase, también limpiar el muro de enredaderas , hacer cemento, cortar y arrastrar árboles. La verdad es que era entretenido, no me importa trabajar sobretodo si no tengo a un jefe tocándome los huevos. Entre el camino y la fiesta acabé como un palillo.
Vivíamos en un burguerhaus, una especie de hostal sin uso aparente, por la tarde después del trabajo hacíamos alguna visita, desde la piscina hasta Heildelberg, la aburrida Manheim o incluso Frankfurt un fin de semana. No se podía volver muy tarde porque teníamos que cocinar nosotros, por turnos de 2 personas, pero siempre acabábamos un montón echando un cable.. O simplemente pasando el rato.
Luego llegaban esas noches interminables. Como el pueblo nos surtía gratis de bebidas no alcohólicas y pan, parte del dinero del campo (en el fondo los 72 euracos que tuvimos que poner para participar + ayudas Europeas) sirvió para fomentar los estrechamente los lazos entre los voluntarios y saltar la barrera de los idiomas con la ayuda inestimable de la cerveza. La más barata del super, pero nunca faltó. Creo que en las tres semanas nunca me acosté antes de las 2 y nos levantábamos a las 7 para currar. Fue realmente memorable.La gente del pueblo estaba realmente contenta con nosotros, los bomberos nos llevaron a Frankfurt y nos invitaron a una barbacoa, también el club de ski acuático, con paseo nocturno por el Neckar incluido. Incluso los locales se unían a las fiestas que montábamos.

Al final del campo unos cuantos nos piramos una semana a dar vueltas por Alemania, Frankfurt, Wiesbaden, Freiburg (desde entonces es mi ciudad favorita). Yo fuí el último en irme, con un montón de buenos recuerdos bajo el brazo y alguno malo también, de eso se trata. Una de esas experiencias que dan un giro a tu vida y ya no vuelves a ser el mismo. Nunca se me hubiese ocurrido ir si no llega a ser porque mi hermano se le ocurrió hacer uno el año anterior. Gracias jefe!


1 comentarios:
me dejé las fotos en casa del resto de los campos de trabajo, así que mínimo hasta navidades no podré escribir sobre los 3 que me quedan.
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